Mis 10 Mandamientos docentes
Creo que no existe receta única para que tu tiempo en el aula sea plenamente feliz, pero después de más de 30 años de docencia me atrevería a recomendarte lo que yo llamo mis «10 Mandamientos».
Me aprenderé pronto los nombres de todos mis alumnos
Si trabajásemos como vendedores en cualquier empresa, seguro que una de las premisas de nuestro jefe sería hablar a los clientes por su nombre. Cuando te diriges a alguien por su nombre se crea un vínculo especial: le demuestras que te importa.
Entraré con una sonrisa en el aula
¡Qué difícil puede ser a veces! Los estados de ánimo se transmiten, y pueden ser el desencadenante de una buena clase o de un suplicio. Siempre pienso: «ahora es el mejor momento de mi vida, y lo voy a disfrutar a tope».
Sorprenderé al inicio de mi clase
El aburrimiento es una opción. Para que tu alumnado no lo elija, es necesario sorprender: la sorpresa provoca curiosidad, a ella le sigue el deseo, y finalmente llegamos a la acción. Salir del aula, juegos, demostraciones, material audiovisual...
No gritaré, insultaré ni faltaré al respeto a mis alumnos
Las personas, y el alumnado en particular, suelen respetar a quienes les respetan. El respeto no es lo mismo que disciplina. Si la disciplina se gana con respeto y no con autoritarismo, tienes mucho ganado para un buen clima en el aula.
Me preocuparé por mis alumnos
Si hay un mandamiento que destacaría, es este: la enseñanza es un acto de amor. El papel del docente ya no es enseñar conocimientos, sino que el alumnado sea capaz de construir el suyo propio. Cuando demuestras que te preocupas, cualquier aprendizaje será más efectivo, porque se aprende mucho más de las personas a las que quieres.
Intentaré resolver los conflictos por mí mismo
Frente a un conflicto hay tres opciones: afrontarlo, derivarlo o ignorarlo. Los docentes que afrontan y solucionan sus conflictos por sí mismos, con diálogo y proactividad, tienen menos conflictos, mayor control del aula y son más valorados por el alumnado.
Seré empático
Una persona es como un iceberg: por encima del agua se ve una parte, pero por debajo hay otra muchísimo más grande que no podemos ver. El comportamiento del alumnado suele tener una justificación: son personas que empiezan a socializar y es muy difícil que, a temprana edad, sean malas.
Describiré perfectamente las normas de convivencia
Cuanto más claras, mejor. Todos participan en su elaboración, y ese tiempo siempre es tiempo ganado. Cuando las reglas son aceptadas por el grupo, el alumnado pasa de espectador a cómplice en la gestión del aula.
Seré digitalmente competente
Hoy ser digitalmente competente no es una opción, es una obligación. En medicina nunca aceptaríamos que un profesional desconociera técnicas actuales; en educación, curiosamente, se perdona que un docente desconozca nuevas metodologías. Y lo que es peor: la Administración lo permite.
Disfrutaré de esta profesión
«¡Qué bien vives, con tantas vacaciones!» Una afirmación injusta que no tiene en cuenta las horas fuera del centro que seguimos trabajando. Pero tienen razón en una cosa: ser docente es un privilegio. Nos impregnamos de la energía y la ilusión por la vida de la juventud, y somos ejemplo, para bien o para mal. Tenemos la llave del corazón de muchas personas.
Clase DiNvertIdA
Diversión, sorpresa y protagonismo del alumno: los tres elementos clave para que el aprendizaje enganche.
DescubrirlaMi evolución docente
Un recorrido personal por los cambios, dudas y aprendizajes que han dado forma a mi manera de entender la educación.
Ver recorridoAprender puede ser divertido
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¿Añadirías algún mandamiento a esta lista? Me encantará leerlo.
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