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Ilustración simbólica de una persona firme y resiliente, como metáfora de los equipos directivos de los centros educativos

Esos locos toreros… y toreras

Aunque el mundo de la tauromaquia no me gusta en absoluto, no encuentro otra metáfora que resuma mejor mi opinión sobre ellas y ellos. Locos porque el cargo te va a traer muchos dolores de cabeza si lo que te gusta es la docencia, y toreros porque, lamentablemente, deben lidiar con muchos toros de diferentes «ganaderías» y, en algunos casos, sin muletas para defenderse.

Vuelvo a comparar con los sistemas educativos que he conocido en mis últimos viajes. En todos los casos —Escocia, Francia y Alemania— los directores de los centros no tenían clases: se limitaban exclusivamente a las tareas administrativas, de gestión y supervisión, sin tener responsabilidades directas de enseñanza en el aula.

Muy bien, pues aquí también: tareas administrativas (muchas), de gestión (lo que les dejan)... pero ¿de supervisión? ¿Para qué?

Nuevamente, sé que habrá quienes me demonicen por lo que voy a escribir, pero a estas alturas... Últimamente estoy realizando formaciones en diferentes centros privados, concertados y públicos, y quien no quiera verlo que se ponga una venda. Hablo de la educación pública:

Siempre defenderé una educación pública de calidad, pero generalizando (cualquier generalización siempre será injusta), la que tenemos no es de calidad, y no es por culpa de los directores y directoras —deberíamos darles las gracias, y muchas—, ya sabéis a quién critico.

Referente a la gestión

1. Una de las contradicciones fundamentales que impide una gestión adecuada es la posición ambivalente del director, atrapado entre su rol como representante de la administración y como miembro de la comunidad escolar. Esta posición intermedia genera desconfianza por ambas partes: la administración espera que el director no cause problemas, mientras que los compañeros y compañeras docentes desean que defienda incondicionalmente sus intereses, dos expectativas que frecuentemente resultan incompatibles. En fin, un torero o torera de primer nivel.

2. Otro factor determinante que impide una gestión adecuada es la falta de autonomía y autoridad efectiva para la toma de decisiones. A pesar de que los directores asumen una amplia responsabilidad sobre el funcionamiento del centro, carecen de capacidad real para implementar cambios significativos o resolver problemas estructurales. No tienen autonomía para decidir qué proyecto educativo quieren para el centro, la formación que deberían tener sus compañeros y compañeras, equipos educativos sin continuidad...

Continuará...